Museo del azulejo: La fascinación por la luz
La incorporación del azulejo como elemento arquitectónico ya sea en ámbitos interiores como al aire libre, en lugar público como privado, es uno de los ejemplos más felices de integración de un recurso pictórico a los intereses de la práctica constructiva. Según la entonación del diseño se puede otorgar al ambiente una luz sensual y exótica, abstracta y decorativa, fantástica y descriptiva. Pero resulta, además, un elemento muy útil y confiable. Se lo utiliza como refuerzo de paredes, marcos y rincones para aislarlos de una excesiva humedad y de otras inclemencias climáticas. Conjugados en formaciones imaginativas exploran las posibilidades de reflexión de la luz y recrean el gusto por el contraste cromático y la iridiscencia.
El relativo bajo costo del material, en especial si se considera la propiedad de imbricarse en unidades pequeñas adaptables a espacios grandes o reducidos, han hecho de este arte cerámico uno de los medios expresivos más eficaces para lograr que una comunidad articule sus gustos individuales y enriquezca el patrimonio urbanístico de la colectividad.
El Museo del Azulejo con su acervo de más de 2.000 azulejos (de los siglos XVIII, XIX y XX), da buena cuenta de éstas y otras propiedades, en una ciudad en la que no escasean los ejemplos "vivientes" (ver la fotografía de la cúpula en el Hospital Pasteur). Los famosos y cotidianos ladrillitos esmaltados (cuya denominación proviene del árabe az-zulaiy) se encuentran aquí prolijamente expuestos y la colección se ve auxiliada con más de 50 paneles didácticos, afiches, mapas y cuadros que explican la ubicación geográfica y el desarrollo de las industrias.
Luis B. Cavia 3080
tel. 7096352
Ma. a Do. de 13:15 a 18:30 hs
